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La Contaminación Del Aire Hace Que El Coronavirus Sea Más Letal

Un nuevo estudio de la Universidad de Harvard se suma a la creciente evidencia de que debemos hacer cumplir las regulaciones más estrictas sobre emisiones tóxicas para salvar vidas.

The Cheswick coal-fired power plant in Pennsylvania spews smoke into the air.

La planta eléctrica de Cheswick en Pensilvania emana humo al aire

Chris Jordan-Bloch / Earthjustice

A medida que el coronavirus afecta comunidades alrededor del mundo, un nuevo estudio de la Universidad de Harvard ha demostrado que una prolongada exposición a partículas finas, un componente de la contaminación del aire, está relacionada con una mayor probabilidad de morir por COVID-19. Los resultados se suman a una creciente evidencia de que debemos adoptar y hacer cumplir regulaciones más estrictas sobre las emisiones tóxicas para salvar vidas. Sin embargo, la administración Trump parece renuente para hacer lo contrario.

El estudio, que se divulgó antes de su publicación oficial, muestra una asociación sorprendente entre la exposición a largo plazo de partículas finas nocivas, llamada PM 2.5, y la mortalidad por la pandemia COVID-19 en los Estados Unidos. La causa principal de la contaminación por PM 2.5 es la combustión de los motores de los automóviles y las centrales eléctricas de carbón o gas. Los investigadores destacaron que, en los condados afectados por COVID-19, solo un pequeño aumento en la contaminación de PM 2.5 se asocia con un gran aumento en la tasa de mortalidad por la pandemia. Si bien pequeños aumentos en la contaminación de PM 2.5 están asociados con una mayor mortalidad por una variedad de causas, los investigadores encontraron que el aumento en la mortalidad por COVID-19 asociado con PM 2.5 fue 20 veces mayor que todas las demás causas. En otras palabras, las personas que viven en áreas contaminadas con PM 2.5 tienen más probabilidades de morir por coronavirus.

Esta no es la primera vez que los investigadores notan este tipo de conexión mortal. Estudios previos que examinaron el brote de SARS de 2003 en China, causado por una cepa estrechamente relacionada de coronavirus, también encontraron tasas de mortalidad más altas entre las personas que viven en áreas contaminadas.

Manhattan, que tiene una de las tasas más altas de infección y muerte por COVID-19 en los EE.UU., ofrece una visión aterradora de las consecuencias de los altos niveles de contaminación por PM 2.5. Los investigadores de Harvard estimaron que si la contaminación promedio de PM 2.5 a largo plazo en Manhattan fuera incluso un poco más baja, unas 250 vidas podrían haberse salvado la semana pasada según las tasas de mortalidad por COVID-19.

El estado de Luisiana brinda una óptica adicional de esta tendencia tóxica. Ubicado en el corazón de la industria petroquímica, algunas áreas del sureste de Luisiana están tan contaminadas que se les ha adjudicado el nombre de "Callejón del Cáncer". El municipio de San Juan Bautista se encuentra dentro del Callejón del Cáncer y registra una de las tasas de mortalidad por habitante más altas en los Estados Unidos como resultado de la pandemia. Puede no sorprender que una gran parte de los residentes de San Juan Bautista sean de color, principalmente latinos y afroamericanos.

“Tomados en conjunto, estos datos muestran que las comunidades se beneficiarían enormemente de la disminución de la contaminación del aire y de regulaciones más fuertes y protectoras del aire”, dice Michelle Mabson, científica del programa Comunidades Saludables para Earthjustice.

Estas tendencias sorprendentes sacan a la luz una asociación que los responsables en la toma de decisiones no deben ignorar: una entre exposición ambiental y vulnerabilidad a enfermedades infecciosas. La exposición a largo y corto plazo a contaminantes ambientales puede tener efectos devastadores en la salud humana. A la luz del coronavirus, los contaminantes más peligrosos son los que afectan nuestro mayor mecanismo de defensa: el sistema inmunitario. La exposición a PM 2.5 conlleva a la inflamación pulmonar, que puede debilitar la eliminación de agentes infecciosos como bacterias y virus en los pulmones. Similar al PM 2.5, otros subproductos de la combustión también están asociados con la inmunosupresión. Como otro ejemplo, al PFAS, una clase de químicos tóxicos que se han introducido en los cuerpos de más del 95 por ciento de los estadounidenses debido a la presencia en productos de consumo y agua potable, es vinculado a la supresión de la respuesta de anticuerpos, un mecanismo vital para el desarrollo de inmunidad contra enfermedades infecciosas como el COVID-19.

Debemos garantizar que las comunidades que viven en áreas contaminadas como el municipio de San Juan Bautista no corran un mayor riesgo de resultados adversos para la salud y susceptibilidad a enfermedades infecciosas. Para que esto se convierta en una realidad, los gobiernos estatales y federales tendrán que hacer cumplir normas más estrictas sobre el uso y liberación de sustancias tóxicas, incluida la quema de combustibles fósiles que provocan una peligrosa contaminación por PM2.5. También es fundamental utilizar herramientas que ya existen, como conjuntos de datos disponibles sobre tasas de contaminación y enfermedades, para identificar comunidades vulnerables y abordar mejor las disparidades existentes que agravan esta conexión.

Estas medidas son especialmente relevantes debido a los esfuerzos de la administración actual para desmantelar las regulaciones ambientales de protección. Un ejemplo claro es un posible retroceso de los Estándares de Mercurio y Tóxicos del Aire (MATS), una regla que se promulgó para reducir la contaminación tóxica del aire. Revertir esta regla podría provocar 11 mil muertes prematuras y miles de millones de dólares en costos de atención médica a raíz de una mayor exposición a tóxicos contaminantes del aire como PM 2.5. Estas estimaciones ni siquiera tienen en cuenta los costos adicionales asociados con el aumento de las muertes por COVID-19 por exposición a PM 2.5.

Ahora, más que nunca, es importante preservar reglas ambientales para proteger la salud de las comunidades de los efectos adversos de la contaminación tóxica, incluida la muerte ocasionada por la pandemia COVID-19.

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