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Lit: Historias a la Vanguardia de la Justicia Climática

Justicia En Tiempos De Dos Crisis: El COVID-19 Y el Cambio Climático

La pandemia del coronavirus ha transformado el mundo casi instantáneamente, a la vez que expone injusticias sistemáticas de larga data que también están presentes en una creciente crisis climática. Sin embargo, hay un camino justo que nos ayuda a encarar ambos fenómenos.

Keith Rushing

Keith Rushing

Fuse Green para Earthjustice

Conforme la pandemia del COVID-19 sigue su curso, ésta también resalta un abismo de desigualdad en nuestro país a medida que aumentan las muertes y millones pierden sus empleos, su atención médica y sus escasos ahorros. Nuestro quebrantado sistema económico y social salta a la vista, junto con las formas en que se prioriza las ganancias corporativas para unos pocos sobre la salud y el bienestar de la mayoría, particularmente las personas de color.

La vulnerabilidad de Estados Unidos ante el COVID-19 refleja, en muchos sentidos, nuestra vulnerabilidad frente a la crisis climática — otra emergencia global que se desarrolla en un horizonte más amplio pero que también se manifiesta de manera injusta.

Pero hay un mejor camino por recorrer. A través de acciones visionarias y concretas que garanticen la justicia social, racial y económica para todos, podemos protegernos a nosotros mismos, así como al único planeta que tendremos.

¿Cuáles son los paralelos entre el COVID-19 y el clima?

Nuestro gobierno federal no ha enfrentado efectivamente ni el coronavirus ni la crisis climática, ya que muestra más preocupación por preservar las ganancias de unos pocos que por proteger el planeta y su gente.

Los expertos en salud pública han advertido durante años que se avecina una pandemia, que no estábamos preparados y que muchos estadounidenses fueron excluidos del sistema de salud. Cuando llegó la pandemia, el gobierno federal no había almacenado suficientes equipos. Mientras tanto, los mensajes de la administración Trump minimizaron la amenaza y trataron de tranquilizar al mercado de valores.

Un trabajador distribuye jugo de naranja en un estante de alimentos en Brooklyn el 14 de abril de 2020. La crisis del coronavirus está aumentando la inseguridad alimentaria.
Un trabajador distribuye jugo de naranja en un estante de alimentos en Brooklyn el 14 de abril de 2020. La crisis del coronavirus está aumentando la inseguridad alimentaria.
Scott Heins / Getty Images

Del mismo modo, los científicos han estado advirtiendo sobre el cambio climático durante décadas y que los retrasos en la acción solo forzarían decisiones más difíciles. Pero los gobiernos han actuado con lentitud, a menudo citando preocupaciones económicas. Mientras tanto, cuando las compañías petroleras se dieron cuenta de que el cambio climático podía crear “eventos catastróficos”, impulsaron activamente una campaña de desinformación para continuar aprovechando sus productos mortíferos.

En ambas crisis, los científicos que prendieron las alarmas sobre las amenazas inminentes fueron marginados o silenciados como respuesta. En los últimos años, la administración Trump ha reducido drásticamente los fondos para las agencias dedicadas a la ciencia, impulsó recortes históricos en la ayuda sanitaria mundial e inició acciones para excluir por completo la consideración de una ciencia sólida.

Ahora, bajo la sombra del COVID-19, la administración Trump busca más retrocesos de las protecciones ambientales y acota que relajará la aplicación de los límites de contaminación si la industria afirma que la pandemia dificulta el cumplimiento de las reglas.

A pesar de que una nueva investigación encontró un vínculo entre la exposición a largo plazo a la contaminación del aire y las tasas más altas de muertes por COVID-19, la administración Trump descartó un esfuerzo de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) para endurecer la regulación sobre las partículas finas llamadas PM 2.5. El administrador de la EPA, Andrew Wheeler, anunció esta decisión en abril con el fin de priorizar las ganancias de la industria sobre la vida de las personas, aunque el propio análisis de la agencia reveló que fortalecer los límites de estas emisiones en un 25 por ciento podría salvar más de 12 mil vidas cada año.

En otra acción que inflige más daño a la salud pública, la administración destripó en abril los Estándares de Mercurio y Tóxicos del Aire (MATS, por sus siglas en inglés) que redujeron el mercurio y otros contaminantes peligrosos del aire de las centrales eléctricas de carbón. Esta protección había salvado hasta 11 mil vidas de dichas partículas cada año.

Las decisiones que se toman en torno a las crisis del COVID-19 y el cambio climático revelan quién recibe más atención en nuestra sociedad y quién sufre las consecuencias de la inacción del gobierno.

Una trabajadora del Miami-Dade County Homeless Trust ayuda a una mujer en situación de calle después de que se hizo una prueba para COVID-19.
Una trabajadora del Miami-Dade County Homeless Trust ayuda a una mujer en situación de calle después de que se hizo una prueba para COVID-19.
Eva Marie Uzcategui / AFP / Getty Images

En este momento, decenas de millones de estadounidenses se han hacinado como resultado de la pandemia. Sin embargo, el distanciamiento social y su duración también revela grandes desigualdades. Algunos pueden trabajar desde casa, pero otros no tienen ningún hogar para refugiarse. De igual manera, otros están a punto de perder sus viviendas debido al desempleo.

Asimismo, hay muchos que deben elegir entre enfrentar esta emergencia — incluso cuando están enfermos — o arriesgarse a perder su sustento.

Se espera que los empleados de múltiples industrias arriesguen sus vidas para obtener un salario, incluidos los conductores de reparto; los trabajadores agrícolas, de supermercados y de la salud; así como las enfermeras y asistentes de salud en el hogar. Lo hacen a menudo sin el equipo de protección adecuado y en condiciones de hacinamiento. Son principalmente trabajadores manuales, a menudo son mal pagados y es más probable que sean mujeres y personas de color.

Muchas de estas mismas comunidades están en la primera línea de la crisis climática, y son las más afectadas por las tormentas devastadoras, los incendios forestales y la pérdida de cosechas. También es más probable que experimenten escasez de alimentos y agua, enfermedades y pobreza. Son en su gran mayoría afroamericanos e hispanos — desde trabajadores agrícolas que enfrentan un calor extremo hasta aquellos que viven en apartamentos ubicados en vecindarios urbanos densamente poblados que carecen de aire acondicionado.

Un miembro del personal del sitio de pruebas ajusta su equipo de protección personal en una estación móvil de pruebas COVID-19 en Compton, California, el 28 de abril de 2020.
Un miembro del personal del sitio de pruebas ajusta su equipo de protección personal en una estación móvil de pruebas COVID-19 en Compton, California, el 28 de abril de 2020.
Robyn Beck / AFP / Getty Images

¿Cómo llegamos a estas instancias?

El COVID-19 revela dos cosas fundamentales sobre Estados Unidos: la falta de una fuerte red de seguridad social y la ausencia de un compromiso de equidad para todos. Ambos están cimentados en un pasado racista y la exclusión económica de este país.

“La decisión de Estados Unidos de dejar que tanta gente siga hundiéndose es porque las personas que se hunden son a menudo afroamericanas e hispanas”, dice el periodista del New York Times Eduardo Porter, autor del libro “American Poison”.

Durante la historia de nuestra nación, estas injusticias sociales y raciales se han manifestado de muchas maneras, como la exclusión de los ciudadanos afroamericanos e hispanos en adquirir una ciudadanía hasta después de la Guerra Civil; políticas de inmigración racistas que comenzaron mucho antes de Donald Trump; y una violación de los derechos humanos de los nativos estadounidenses. Para las personas de color, las comunidades indígenas y las naciones tribales, el distanciamiento social de sus comunidades es un concepto muy familiar.

La intersección del racismo, que afecta el lugar donde se vive y los trabajos que se obtienen, supone que las personas de color sean las más afectadas por la pandemia. Por ejemplo, mientras que los afroamericanos representan aproximadamente un tercio de la población de Luisiana, comprenden el 70 por ciento de los que mueren por el virus allí. Disparidades similares se desarrollan en estados como Carolina del Norte, Carolina del Sur, Illinois y Nevada.

Esta gran vulnerabilidad se debe a que las personas de color tienen menos acceso a la atención médica y más afecciones de salud subyacentes, incluido el asma, que está relacionado con una mayor proximidad a las fuentes de contaminación y una gran probabilidad de muerte por COVID-19. Adicionalmente, los afroamericanos y los latinos a menudo se enfrentan al peligro porque sus trabajos de servicio son considerados esenciales y no se pueden hacer remotamente.

Estas injusticias también afectan a otras comunidades vulnerables, incluidas las comunidades de migrantes, las comunidades desindustrializadas, las zonas rurales despobladas, los pobres, los trabajadores de bajos ingresos, las mujeres, los ancianos, los desalojados, los encarcelados, las personas con discapacidad y los jóvenes.

El paramédico Randy Lilly coloca una máscara quirúrgica en un paciente que muestra síntomas de COVID-19 en Stamford, Connecticut.
El paramédico Randy Lilly coloca una máscara quirúrgica en un paciente que muestra síntomas de COVID-19 en Stamford, Connecticut.
John Moore / Getty Images

¿Cuál es una respuesta justa a estas crisis?

Tanto el COVID-19 como el cambio climático subrayan un concepto fundamental sobre la justicia que las comunidades de primera línea han conocido y sentido durante mucho tiempo. No se puede separar la justicia racial, la justicia social, la justicia económica o la justicia ambiental entre sí. TODO tiene que ver con la justicia. Es por eso que ambas crisis solo pueden abordarse verdaderamente a través de soluciones integrales de base amplia que afronten las injusticias dentro de nuestra sociedad.

No es una tarea fácil.

Estas crisis monumentales allanan el camino para conseguir respuestas que prioricen el bienestar de todas las personas, y especialmente aquellas que son más vulnerables. En esta pandemia, los riesgos de infección entre los trabajadores de primera línea que no tienen la protección adecuada también aumentan los riesgos de todos y todas, sin importar cuán cómodamente protegidos y distanciados nos encontremos. Lo mismo ocurre con una crisis climática que, en última instancia, amenaza la habitabilidad del planeta para toda la raza humana. El cambio proviene de la acción colectiva. Después de que los conductores de autobuses en Birmingham, Alabama, se negaron a trabajar sin las medidas adecuadas de distanciamiento social, la autoridad de tránsito adoptó nuevas medidas de seguridad para proteger a los conductores y pasajeros. Una protesta de los trabajadores de la salud en Oakland, California, obligó al Sistema de Salud de Alameda a pagar la licencia por enfermedad a aquellos que se enferman al atender a pacientes con COVID-19.

La política nacional y las prioridades en gastos también deben cambiar para enfrentar este momento. Earthjustice solicita al Congreso que dirija gastos relacionados con el coronavirus a aquellas personas, trabajadores y comunidades que más lo necesitan, independientemente de su situación económica o migratoria. También instamos al Congreso a proporcionar recursos directamente a los estados, territorios y tribus, ya que ellos, junto con sus alcaldes locales y otros líderes, están realmente en la primera línea de esta crisis. Finalmente, durante esta emergencia nacional de salud, creemos que el Congreso debe garantizar el acceso a agua limpia y segura, prevenir cortes eléctricos y reducir la contaminación del aire, el clima y el agua para las comunidades más expuestas.

En un largo plazo, Earthjustice, en asociación con otras organizaciones que se han suscrito a la Plataforma de Clima Equitativo y Justo, aboga por una audaz agenda de política nacional que promueva la justicia económica, racial, climática y ambiental para todos y todas.

Hacemos un llamado para la recuperación económica a largo plazo y una transición justa y equitativa a una economía de energía limpia al 100 por ciento que cree empleos bien remunerados, combata el cambio climático y reduzca la contaminación en comunidades ya agobiadas alrededor del país.

Debemos reconstruir nuestra economía de forma sostenible y equitativa que garantice un futuro prometedor para nuestras familias y comunidades, particularmente aquellas que históricamente han llevado la peor parte de un sistema que genera ganancias para unos pocos y por encima de nuestro planeta y su gente.

Jessica A. Knoblauch contribuyó a este reportaje

Sobre Esta Serie

La crisis climática es producto de un sistema injusto que prioriza las ganancias financieras por encima de todo lo demás. Por mucho tiempo, la industria del combustible fósil y sus aliados se han beneficiado enormemente de este sistema, a menudo a expensas de las comunidades más vulnerables.

Es tiempo de luchar por soluciones climáticas que garanticen una justicia social, racial, ambiental y económica para todos y todas. Lit: Historias a la Vanguardia de la Justicia Climática, busca resaltar estas luchas por la justicia climática, así como inspirar otros a defender sus comunidades y nuestro futuro.

Sabemos que no podemos lograr cero emisiones y un 100 por ciento de energía limpia por cuenta propia. Únase a nuestra lucha por alcanzar un mundo más justo y equitativo.

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