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La Hija de Berta Cáceres Continúa La Lucha de Su Madre en Honduras: ‘Somos Un País Que Nos Merecemos Justicia’

En entrevista con Earthjustice, Zúñiga Cáceres discute los desafíos que enfrenta como lideresa del COPINH, su búsqueda por descubrir el autor intelectual de la muerte de su madre, y por qué multinacionales de Europa y Estados Unidos deben adquirir conciencia de su rol en un esquema de seguridad cada vez más deteriorado en Honduras.

Desde 2017, Bertha Zúñiga Cáceres, una activista de origen Lenca, ha llevado las riendas del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), la organización que su madre ayudó a fundar.

Desde 2017, Bertha Zúñiga Cáceres, una activista de origen Lenca, ha llevado las riendas del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), la organización que su madre ayudó a fundar.

angelamcave / CC BY 2.0

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La muerte de Berta Cáceres, defensora ambiental hondureña y ganadora del Goldman Environmental Prize en 2015, es un claro ejemplo del peligroso trabajo que enfrentan líderes y lideresas en uno de los países más violentos del mundo. Aunque el movimiento ambiental sufrió un duro golpe por su cobarde asesinato, los hijos de Cáceres se han comprometido en mantener viva su lucha, principalmente en la figura de Bertha Isabel Zúñiga Cáceres. 

Desde 2017, Zúñiga Cáceres, una activista de origen Lenca, ha llevado las riendas del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), la organización que su madre ayudó a fundar. Durante el liderazgo de Cáceres, ella luchó incansablemente en contra de la construcción de la represa de Agua Zarca, en nombre de la comunidad indígena Lenca y sus territorios sagrados de la zona suroeste de ese país. Después de muchos obstáculos, su grupo de activistas logró evacuar el equipo de construcción donde se construiría la represa. 

Cáceres buscaba abordar otros temas que esa comunidad ha tenido que enfrentar, como la tala ilegal de árboles, el racismo, la discriminación contra las mujeres y una pugna por los derechos territoriales.

Con 29 años de edad, Zúñiga Cáceres sabe que ocupar el cargo que una vez asumiera su madre representa una enorme responsabilidad y un riesgo aún mayor. A raíz de la muerte de Cáceres, suspendió sus estudios universitarios y se enfocó en buscar la verdad detrás de este crimen. Poco tiempo después de tomar el liderazgo en esa organización, Zúñiga Cáceres y dos de sus colegas sufrieron un atentado a manos de cuatro hombres que portaban machetes y piedras, con el fin de lanzar su vehículo a un precipicio. Sin embargo, Zúñiga Cáceres ha prometido continuar con la lucha de llevar bienestar a todos los hondureños.

En entrevista con Earthjustice, Zúñiga Cáceres discute los desafíos que enfrenta como lideresa del COPINH, su búsqueda por descubrir el autor intelectual de la muerte de su madre, y por qué multinacionales de Europa y Estados Unidos deben adquirir conciencia de su rol en un esquema de seguridad cada vez más deteriorado en Honduras. 

¿Cómo han sido estos dos años de liderazgo en la COPINH? ¿cuáles han sido tus mayores retos?

Han sido años bastante complicados, porque primero que todo yo había acompañado esta lucha, pero nunca en un cargo de dirección ni siendo parte formal de ninguna posición. Entonces ha sido un desafío que tiene que ver con un proceso de reconocimiento de parte de las comunidades a la lucha por la justicia, y eso desembocó en que yo fuese propuesta como coordinadora general con el compromiso de una lucha colectiva. Dijimos que el asesinato de Berta Cáceres tuvo que ver con un plan para acabar con la lucha en la defensa territorial y, por tanto, mantener a COPINH es una responsabilidad de todas las comunidades. 

Los grandes desafíos es que soy una persona joven para la organización y que no tiene una gran trayectoria en el sentido de estar frente a un proceso político en Honduras y ahí siempre dudas de mucha gente fuera. Tengo la capacidad para llevar a cabo esta lucha y llevarla en todos los frentes que ha manejado el COPINH.

A mediados de octubre se pospuso una audiencia contra Roberto David Castillo, ejecutivo de la empresa hidroeléctrica. ¿Qué opinión te merece esto?

Yo creo que siempre tenemos muchas dudas, pues es un sistema de justicia que está hecho para proteger a las personas que asesinan, atacan y violentan a las comunidades, a los líderes y lideresas sociales. Entonces, creo que siempre hay lugar para la duda, sin embargo, nuestro planteamiento siempre ha sido una lucha por la justicia para intentar disputar contra sistemas que tienen mayor índice de impunidad. Esto es parte de una desesperación de su parte ante una prueba tan contundente que está basada en sus comunicaciones. Hay más pruebas contra David Castillo que contra otras personas que ya fueron condenadas. 

Honduras ha sido un país que ha enfrentado dificultades en distintos frentes, como las maras, el narcotráfico y la corrupción que ha llegado hasta la presidencia de la república. ¿Qué tan difícil ha sido llevar a cabo tu labor como lideresa frente a todo eso?

 Hay algo que nosotros hemos reafirmado es que esas estructuras delictivas, como por ejemplo las maras, son un fenómeno que se ha dado en algunos años. Al principio, eran pandillas de barrio que tenían controles territoriales, pero ahora las maras están siendo dirigidas por militares de alto rango que participan en el tráfico de drogas. Para nosotros, un ejemplo claro es el caso de Tony Hernández, hermano del presidente, y algunos funcionarios del estado que también están involucrados en el tráfico de estupefacientes. Los jóvenes son reclutados desde lugares marginales y que cumplen con realizar tareas a estas personas que están vinculadas con el tráfico de drogas.

Se ha investigado que las ejecuciones extrajudiciales son ordenadas por militares de alto rango; eso pasó en el caso de mi mami. ¿Por qué decimos que siguen la impunidad si fueron sentenciadas siete personas? Pues de esas siete personas, cuatro son jóvenes empobrecidos que de alguna manera pertenecen al crimen organizado que fueron reclutados por intereses de una empresa, y donde también participaron militares controlando el operativo del asesinato. Claro, a esas personas son fácil de condenarlas, sin embargo, a esos grandes asesinos que son los que ordenan y los que pagan por el trabajo sucio nunca les llega la justicia. Para nosotros es un peligro porque estamos liderando una lucha por la justicia, pidiendo que caigan esos autores intelectuales y esa estructura criminal que condujo al asesinato de Berta Cáceres.  

En medio de las dificultades, ¿qué es lo que te motiva a continuar trabajando?

Yo creo que varias cosas, pero una principal es la necesidad de dignificarnos como pueblo. Tanta gente ha sido asesinada en este país y es tanta la violencia cotidiana que vivimos que, creo, somos un país que nos merecemos justicia y tenemos que luchar por vivir de otra manera. Soñamos en la tranquilidad que todo el mundo quiere, con la justicia y la verdad como banderas de lucha.

Algo que me parece fundamental en momentos en los que uno a veces se decepciona de este sistema de impunidad, es saber y ver a la gente hondureña luchando en las calles, porque si esta lucha fuera solamente mía, ¿entonces para qué? Como mucha gente, yo me iría del país, pero la verdad es una lucha colectiva, que mucha gente y muchas juventudes están dando una batalla muy grande. Esta lucha vale la pena y que va a valer la pena. También encuentro mucha motivación en la memoria de mi mami. Su lucha, su coherencia, su trabajo y su humildad. Siempre la vamos a tener presente.  

Hace dos años, habías apoyado una campaña de una legislación en Estados Unidos que suspende la ayuda militar a Honduras hasta que tu país tomara cartas en el asunto frente a los derechos humanos. ¿En qué terminó eso?

Este proyecto de ley fue reintroducido. Sigue vigente y van más de 47 representantes de la cámara baja que han respaldado la Ley Berta Cáceres. Lo que ese proyecto dice es que Estados Unidos debe cortar ayuda en materia de seguridad que provee a Honduras hasta que no sean esclarecidos crímenes de alto impacto como el de mi mami y el de otras personas, en donde militares hayan participado. Como es bien importante, es la acción de mayor presión que se han impulsado sobre el gobierno de Honduras. Si hay algo que le preocupa a Honduras es el apoyo económico que le provee Estados Unidos. Más allá si la ley pueda pasar o no, es un motivo de denuncia y de presión, y realmente ha sido una de las acciones más efectivas que se ha impulsado internacionalmente. 

Aunque la presión de Washington tiene que ver más con la prevención migratoria del Triángulo Norte hacia Estados Unidos que con la defensa de derechos humanos

Nosotros trabajamos con la gente que tiene una visión crítica a las políticas de Trump, que su única preocupación es la de detener inmigrantes hondureños sin entender las razones por las cuales esa población está saliendo de manera desesperada. Hay una gran complicidad de que Honduras quiere ser promovido como un tercer país, cuando es un país de alta tasa de violencia en el mundo, aun cuando no hay una guerra declarada.  Eso no se explica el racionamiento en medio de estos índices. Tratamos de trabajar con esa gente que tiene una visión crítica que sabe que eso puede profundizar el narcotráfico, la delincuencia y la corrupción del estado. Hemos tratado de abrir una visión de presión hacia el apoyo económico que Estados Unidos provee a Honduras y que termina en apoyar militares que participan de crímenes de alto impacto como el de Berta Cáceres.

Has hecho memoria de tu madre en esta entrevista. ¿Cuál es el recuerdo más preciado que tienes de Berta Cáceres? 

Tengo muchos recuerdos. Yo siempre la recuerdo a ella muy trabajadora y pendiente de toda la situación en el país y en las comunidades. Pero también la recuerdo muy sonriente, porque yo creo que esta lucha no puede ser solamente de martirizarnos en este trabajo, pero también de luchar con alegría y esperanza porque si no ya perdimos más de la mitad de la batalla. 

Nosotros siempre decimos que la imagen de mi mami se multiplicó porque la encontramos presente en la lucha de tantas mujeres de tantas comunidades que siguen dando una batalla muy fuerte y muy desigual en este país. Pero, yo creo que evidentemente ella estaba muy orgullosa de que sus hijas y su hijo participemos de esta lucha. Ella siempre nos inculcó a no ser indiferentes a la situación de nuestro país. Seguramente jamás hubiese querido que viviéramos una situación así, pero esto es Honduras y ahora nos toca seguir adelante, tratar de vivir lo mejor que podamos y hacer todo lo posible para que este país se transforme.

¿Algo más que quisieras agregar?  

Tenemos que insistir en la responsabilidad que tienen empresas inversoras de EE.UU. y el papel que juega ese país en la situación actual de Honduras. Aquí hay mucha gente valiente que sigue defendiendo los territorios, los derechos de las comunidades y la naturaleza para poder vivir dignamente, pero necesitamos que otras personas nos apoyen y estén claras de esta situación para poder cambiarla.

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